La irrupción de los vinos naturales en Chile

Botellas-LUYT-blogNuevamente los restaurantes Open fueron escenario para la presentación de vinos emergentes. No se si sea la palabra más correcta, pero no quiero dejar margen a la interpretación. Esta vez  los protagonistas fueron los vinos naturales. ¿Vinos naturales? Sí, tal cual. Por primera vez esta forma de hacer vinos emerge y comienza a ganar adeptos en nuestro pequeño mundo vínico.

Desde este pequeño rincón virtual intentaré explicarles acerca de este fenómeno. Lo primero es declarar que el motor de toda esta movida en Chile es Louis-Antoine Luyt (y sus vinos). A Luyt lo conozco, aprecio y valoro hace ya bastante, mucho antes de LUN y del hype mediático actual. Desde un cierto Cot de Clos Ouvert hace ya un lote de años.

Sé de su amor por el vino natural, sus fructíferos contactos y aprendizajes con Marcel Lapierre, su interés en el vino (y también por la buena comida) como sujeto cultural, su encomiable quijotada como importador de vino natural (cual Lynch o Dressner del fin del mundo), y de su intervención a nivel local para ir introduciendo variedad con calidad en una escena vínica en que escasea lo uno y lo otro.

Lo segundo, aclarar que esta muestra me gustó ya de antes de probar los vinos. Llámele sesgo. Me gustó el espíritu que la inspira, las personas que participan, los sustratos y sus productos. Baste decir que los vinos eran copiosamente presentados por sus propios hacedores, sin mediar RR.PP, pendones, merchandising, botellas bajo el mesón, o graduados de primer nivel de la escuela de sommeliers repitiendo como mantra que son deliciosos vinos que de veras no lo son. Esto, como los vinos, era de verdad.

No debo seguir, creo, sin comentar aunque sea cortito lo que es vino natural. O al menos lo que yo entiendo. Lo primero que hay que aclarar es que el vino natural es mucho más que el vino “orgánico”. Esto último se refiere meramente a los medios para producir la uva, sin mucho que decir respecto de la vinificación, lo que ha permitido que, al menos en Chile, “orgánico” no sea sino más de lo mismo con otra palabra más sin un sentido claro en la etiqueta.

Natural es para mí el vino con el mínimo posible de intervención. En el viñedo y la bodega. Sin aditivos, productos químicos, levaduras de paquete, nada o muy poco sulfito, procesos más cercanos a la artesanía que a la ingeniería. Vinos que no intentan parecer otra cosa que lo que son, honestos, “reales”. Ojo que no necesariamente ricos o buenos. De hecho, son a menudo considerados defectuosos, sucios, turbios, u oxidados. Es una corriente que ya superó la fase de moda en el hemisferio norte, con más distribuidores comprometidos y consumidores  interesados en conocer el sabor del vino en su forma más primaria (y se dan cuenta que ¡sabe a otra cosa!). Como mi espíritu docente es mínimo, los refiero a un par de páginas que explican las cosas mejor que yo: http://www.morethanorganic.com/natural-wine, http://louisdressner.com/real_wine/

Luyt-degustacionAhora, no todo son maravillas. Para este subjetivo paladar, muchos vinos pecaron de excesivo dulzor. A veces aportaba complejidad, pero otras simplemente era punto en contra. Entiendo que el paladar chileno está acostumbrado al azúcar residual, pero me gusta pensar que estos vinos no están hechos para paladar alguno.

El que llegaba con más laureles, experiencia y botellas era el propio Luyt. Siempre tan productivo. De él me gustaron bastante, por su pureza y originalidad, un Torontel y un Rosé de Cinsault y País 2009 de Quella (Cauquenes, con 13% y 12.5% respectivamente de alcohol). Ambos muy refrescantes y bebibles, generoso en nariz el Torontel y reservado el Rosé, vinos de sed para el verano.

Me gustó mucho, de hecho me parece un excelente vino, un Pinot Noir 2009 (13% Alc.) compuesto con 85% con uvas de Quenehuao y 15% de Osorno, y me pregunto si estas últimas aportan esa brutal acidez, que levanta la boca de este vino y se la llena a uno por completo. Refresca, lava el paladar, lo punza y recoge. Tiene una nariz terrosa, calcárea y floral nunca antes vista por estos lados. Menos me gustaron su Cinsault 2009 de Quella y su “Pipeño Generoso”, ambos muy generosos en azúcar, a mi gusto. Hubo también un “Jungle Rosé” 2010 Las Máquinas, 10.5% Alc., turbio, ligero, muy original, casi un refresco de frutilla. De gran simpleza. Tenía otros vinos de producción anterior, un Cot Rouge, un Huasa País y un Carignan 2008, que con grados alcohólicos de 15 o más me hicieron levantar ostensiblemente la ceja. Too much for me.

Pasé luego al mejor vino de la jornada (y chileno del año si me apuran) que no es sólo delicioso sino que corporiza el espíritu de este lote. Es el Villalobos Carignan 2009 (Valle de los Artistas, Lolol, 12.9% Alc.). Este vino es desde su concepción una locura, y una casualidad. El viñedo es en realidad un crecimiento desordenado de parras en su forma natural de enredadera, que ganan luz entre zarzamoras y otros árboles de mayor envergadura que se cosechan necesariamente a mano y son vinificadas del modo más natural y respetuoso del que se haya oído. Tengo ganas de conocer ese campo. El vino que allí se produce es de todo mi respeto. Mi nota de cata dice así: color teja translúcido precioso; nariz ligeramente dulce, tierra, ladrillo, especias y qué sé yo qué más; boca fresca, ligera, gustosa, sabrosa, entretenida, con notas similares a la nariz (mezcla de dulzor con tierra más un ligero amargor), excelente estructura, buen volumen. Exquisito. Me soplaron que el 2010 viene mejor. Mejor imposible.

Luego me entretuve con la historia del rancio abolengo de Manuel Moraga Gutiérrez y su “Cacique Maravilla” (gran nombre, por cierto) Cabernet Sauvignon 2010, Yumbel 13.8% Alc. Es este un vino artesanal simple, pero entretenido. No es un típico cabernet del Maipo. Regala notas especiadas como de eneldo y albahaca. Flores rústicas. Hay un ligero exceso de dulzor que a espíritus ácidos como el mío nos tiende a sobrar. Sin dudas un excelente comienzo. Vino recomendable.

Pinot-Osorno-y-QuenehuaTerminé, ya casi ebrio, con el Cuvée del Maule 2009 (Cauquenes, 14.5% Alc.). Heterodoxa mezcla de Cabernet Sauvignon 36% y Merlot 22% macerados tradicionalmente. Carmenère 30%, Carignan 6%, Cinsault 4% y País 2%, de maceración carbónica. Aquí sí que el abolengo es rancio (el que tenga interés, que googlee al productor de este vino, Baptiste Cuvelier y verá de qué hablo). El vino es, digamos, un poco ancho de espaldas para mi sensibilidad meliflua. Los 14.5º se notan y tampoco me simpatiza el dulzor, pero hay especias, frescor, cierta vegetalidad y taninos ligeramente punzantes que me permiten congeniar aquí.

El pequeño evento fascinó a todos los que llegaron tímidamente a pedir una copa para probar vinos. Yo me fui más que agradecido y otro tanto ebrio.  Se agradece también la conversa gratis y la posibilidad de abrir ventanas que un día, tal vez esté soñando, abrirán paladares, abrirán conciencias.

Este artículo fue escrito por:
Felipe Méndez

Se agrece a Macarena Lladser por su colaboración con varios datos técnicos que mi impericia reporteril y la alcoholemia impidieron recolectar.

Para contactar y comprar estos vinos: Sebastián Alvear (06-2411110) sebastian@vinonatural.cl

Ver publicación desde su fuente: vinosycopas.com

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